14 diciembre 2011

LOS ANUNCIOS DE TANO.



Cada vez que llega la fecha del cumpleaños es motivo de reflexión. Este año me han impresionado los múltiples saludos de viejos y nuevos amigos a través de Facebook, e-mail, mensajes de texto y llamadas telefónicas. Es fabuloso que personas que están lejos, le escriban a uno con cariño, igual los que me felicitaron por Facebook y que viven en mi cuadra. ¡Pues que les cuento! Que esas muestras de afecto me hicieron recordar cuando hace muchos años, unas amigas me enviaron sus felicitaciones por una vía muy particular. Aquí empieza el cuento. 

Yo vivía en Nagarote en casa de mi hermana Daisy. Eran los años 80, suficiente referencia para imaginarse uno como era el Nagarote de esos tiempos. Había un señor llamado Tano, que tenía un medio de comunicación muy curioso. En el patio de su casa se levantaba un árbol frondoso que casi tocaba el cielo. En la copa del árbol se había colocado una bocina para pasar anuncios. Un dispositivo de mecates bien ajustados movía la bocina según la dirección donde el cliente quería se divulgara su mensaje. Uno llegaba y le pedía a Tano que le pasara un aviso, le entregaba un papelito con el mensaje escrito y previo pago se procedía a la comunicación. Era notorio antes de escuchar la voz de Tano, un sonido o ruido peculiar que emitía el aparato que hacía que todo mundo preparara el oído para escuchar mejor. Siempre, se escuchaban las dos palabras que antecedían al mensaje: Atención… Atención… y luego por todo el pueblo se difundía la venta de huevos, promociones de los colegios, bautizos, misas de muertos, y muchas cosas más. Los Nagaroteños más viejos recordarán aquel anuncio que despertó a todo el pueblo a la medianoche cuando Tano informaba que había nacido un ternero con cabeza de gente, y que podían ir a verlo a tal dirección. Al rato una multitud al frente de la casa donde destazaban reses, exigía ver aquel fenómeno. 

Pero volvamos a mi cumpleaños.

Un día como hoy 14 de diciembre… en esa misma época que les refiero, yo estaba en mi casa, eran como las cuatro de la tarde. Una ex novia de nombre… se llamaba… quiero ver… ¡Luisa!  si, así se llamaba, fue en compañía de su hermana, a buscar a Tano para contratar sus servicios. Le entregó el papelito, le dio las indicaciones respectivas y sus honorarios. Al rato se escuchó en todo el pueblo: Atención, atención: “En ocasión de estar celebrando la gloriosa fecha de su cumpleaños el caballero Juan Centeno, una buena amiga que siempre lo recuerda le dedica estas complacencias deseándole muchas felicidades, escucharemos a continuación la canción ¡Caballo Viejo!”… y acto seguido sonaba la canción. Unos vecinos me avisaron para que pusiera atención. Si… ya lo escuché les decía con una sonrisa forzada. La segunda canción que me dedicaron ese día fue Ese cuerpo mío cada día más viejo… y la tercera ya no alcanzo a recordar. En medio de las bromas de los amigos creo que lo disfruté, y ahora más de 30 años después lo recuerdo con nostalgia. 

Gracias a todos los que contribuyen con su amistad a que esta vida sea más divertida.

Juan Centeno
León/Nicaragua
14 de Diciembre de 2011.

04 octubre 2011

LAS VELAS DE SEPTIEMBRE.



Todos los años cuando llega septiembre con sus tambores y procesiones me acuerdo inexorablemente de una mujer, es como una maldición. Su nombre era Gabriela. Empezaban los años 80, ella estaba iniciando sus estudios en la facultad de Odontología y yo estaba al final de la carrera de Medicina. Un día la vi entrar a la residencia universitaria donde yo vivía, llegaba a comer a diario al igual que otros estudiantes que les correspondía comer en ese lugar. No me di cuenta cómo me fui enamorando de ella hasta que su imagen estaba en mi mente a cualquier hora del día. Una amiga en común nos presentó y comencé a visitarla en la residencia universitaria donde estaba alojada, era una casa sólo para mujeres y quedaba a media cuadra de mi residencia. Mis visitas eran como amigo, salíamos a comer, a caminar, a cualquier cosa, y obviamente ella adivinaba mi intención de hacerla mi novia. Una noche al despedirme en su casa, le hice la propuesta. Ella sonrió y me dijo que iba a pensarla. Me alegró no recibir un “no” rotundo y me alejé en la noche silenciosa. Al llegar todos mis compañeros estudiaban, no podía faltar el café y las bromas.

En aquella residencia, vivíamos alrededor de unos veinticinco estudiantes universitarios. Los de último año éramos seis, tres de Medicina, dos de Leyes y uno de Química. El resto era un grupo de chavalos que parecían nuestros hijos, por la jerarquía académica y porque siempre nos solicitaban cualquier cosa: azúcar, café, lapiceros, un poco de desodorante, champú, y no faltaban las preguntas sobre las materias. Era una gran familia. 

Cuando llegaron los exámenes mi angustia fue doble. No sabía cuál iba a ser la respuesta de Gabriela ni cómo eso iba a afectar mi concentración. Una noche mientras estudiaba, miraba su rostro entre las páginas, leía y volvía a leer la misma línea varias veces. Así estaba, cuando decidí ir a visitarla de repente, aún no eran las diez y estaría despierta, necesitaba una respuesta que me regresara la calma. Caminé con paso ligero, cuando llegué todavía la puerta estaba abierta y varias chicas estudiaban en la sala. Alguien fue a buscarla y apareció con su bella sonrisa, un poco sorprendida me preguntó qué pasaba. Yo le expliqué que no podía estudiar y que era necesaria su respuesta. Me tomó las manos y mirándome a los ojos me dijo con una gran serenidad: “Podés estudiar tranquilo… la respuesta es afirmativa…”  y acercó sus labios a los míos. Aquel beso en la puerta de la residencia fue inolvidable. Regresé casi corriendo y con ganas de contar a todos lo ocurrido. Preparé café, serví varias tazas, las repartí y brindamos por aquella noche tan maravillosa. 

Los días pasaban rápido igual que las horas, por eso, Gabriela y yo establecimos un horario para vernos, que era muy estricto. La visitaba tres veces por semana, una hora cada noche. En esos encuentros aprovechaba para administrarle un medicamento intravenoso que ella requería por un problema de la infancia. Sus amigas de la residencia le manifestaban que nosotros éramos una pareja muy amorosa, y que ella había encontrado el mejor novio del mundo.

Después de los exámenes vinieron las ceremonias de la graduación, las fotos en las gradas de la catedral de León y la distribución de los hospitales donde tendríamos que ir a realizar el año del Internado. En esos días me avisaron que yo había sido ubicado en Managua. Fui a visitar a mi novia y con gran tristeza le di la noticia. La separación parecía inminente, hasta que un amigo me contó que había posibilidades de hacer cambios en las ubicaciones. Decidí hacer la lucha por quedarme en León y visité a varias personas que podían ayudarme, tuve que hacer varios viajes a la capital hasta que por fin lo conseguí. Llegué muy feliz a dar la noticia a Gabriela, esa noche nos fuimos a celebrar. Un mes más tarde, a inicios de Febrero, estaba empezando mi año de internado, el año más terrible en la vida de los médicos. 

Puedo asegurar que todo marchaba bien a pesar de lo extenuante del internado. Cuando llegó Septiembre, Gabriela estuvo muy extraña, lucía un poco indiferente y desanimada. La relación se estaba enfriando. Se percibía algo raro en el ambiente, hasta que una noche se decidió a hablar. Me confesó que lo nuestro no podía seguir. Con los ojos llorosos me dijo que yo había sido muy bueno con ella… ¡pero ya no sentía nada! Aquella confesión fue una puñalada en mi pecho. Muchas cosas pasaron vertiginosas por mi cabeza. Ahora sabía lo que era una ruptura… no se cuanto tiempo duró esa conversación que después fue monólogo, y al final solamente la miraba mover sus labios sin oír nada. Estaba en shock. No recuerdo si hubo algún Adiós… salí de la casa y caminé sin rumbo. No se me ocurría que hacer. Esa noche, para darle un ambiente fúnebre a la despedida, observé que en las casas por donde iba pasando había una vela en las puertas. Doblé la esquina y las velas estaban por todos lados. Era Septiembre que había arribado con malos presagios. Desde entonces, cada año, en ese día preciso, el 23 de septiembre,  recuerdo a Gabriela, cuando me reencuentro con aquellas velas que, cual si fueran una maldición, me gritan su nombre. 

Varios meses después me fui a la guerra con el recuerdo de aquella mujer. Al regresar, creí que la había olvidado. Volví al hospital y a la rutina del internado, poco a poco renacieron en mí las ganas de volver a amar. Sólo de una cosa estaba seguro: que en asuntos del amor… lo mejor estaba por venir.

Juan Centeno
Oct/2011/León/Zaragoza/
Abbey Road 777

02 julio 2011

POETAS VIEJOS Y JOVENES QUE PULULAN POR LEON de NICARAGUA




Jorge Eduardo Arguello

Es un poeta precoz que escribe por genes hereditarios; ha dedicado toda su vida a la escritura; desde que tenía 17 años estableció en su mente ser el creador de la mejor novela sobre León... bueno ha escrito 22 y tantas obras incluyendo poesía, teatro y novela, él pide le perdonen su fachentería literaria, ahora practica el zen; le gusta estar solo donde vive, entre los Estados Unidos y esta ciudad.

Marcia Ondina Mantilla Bermúdez

Nació en la ciudad de León el 3 de marzo de 1966. Es fundadora del Grupo Literario ESPJO. Ha publicado en dos antologías de este grupo y en diversas antologías y revistas tanto nacionales como extranjeras.


José Luis Pereira.

La fecha y lugar de su primer nacimiento es León, 2 de noviembre de 1981. Ha practicado en la segunda Antología del grupo ESPJO publicada por la Editorial Universitaria, UNAN - León. No tolera los versos malos.

Daniel Pulido

Paria de vocación honrosamente filistea. En 54 años a bordo, no ha logrado aun poner los pies sobre la tierra.

Dennis Pichardo

Actualmente vive en Chile con su amor chilena, pero vino al recital de esta noche, no le gustan los costarricenses y hace como que le gusta la música moderna.

Gustavo Delgado.

Nació en León en 1953, en el barrio de la Ermita de Dolores, se graduó de Químico en la UNAN-LEON. Realizó estudios de maestría en México y doctorado en Francia. Su poesía nace a finales de los años 60 durante sus estudios de bachillerato en el Instituto Mariano Fiallos Gil. Fue Presidente de la Academia Literaria Leonel Rugama Rugama. Además de dedicarse a la docencia, se inspira en los secretos de las galaxias para plasmar las tempestades de su microcosmos en unos cuantos versos.

María Eugenia Marín Bonilla

Nació en Rivas, Nicaragua... en el siglo XX. Le costó mucho tiempo decidirse a dar a conocer su trabajo, aunque escribe desde la secundaria. ¿Publicar? Le encantaría, pero es un espacio difícil de conquistar... En 1995, fue merecedora del tercer lugar en el XI CONCURSO UNIVERSITARIO DE LITERATURA género POESÍA, convocado por la Dirección de Cultura de la UNAN Managua. Su pasatiempo favorito es realizar manualidades y oír música, su mayor preocupación se centra en el futuro de la raza humana como especie, su escritor favorito es Sergio Ramírez Mercado y su mejor poema se llama Erick. Es Cirujano Dentista y profesora de la Facultad de Odontología.

Juan Centeno

Comenzó a escribir poesía contra Somoza, después se le ocurrió hacer canciones. Por último le ha dado por escribir cuentos. Lucha a diario con sus fantasmas y demonios, disfrutando cada ataque de sus musas. Comparte la opinión de que todo lo de Darío no es malo. Es Salubrista-Leninista y milita en la izquierda light. Muchas veces no habla porque no vale la pena hablar. Sueña tocar un blues en algún bar de New Orleans.

Jaime Buitrago Gil… Es poeta.

Enrique Langrand

Poeta laureado y con sentido. Tiene en su haber un premio de los Juegos Florales. Eternamente enamorado de la poesía. Expresivo hasta más no poder. Se pone triste si pasa un día sin escribir un poema. Envía poemas por chat a sus amigos.

Felipe Eleuterio Martínez

De toda la poetada leonesa es el único que persiste en los versos modernistas, declamador empedernido, hilvana en segundos un poema sobre cualquier tema. Orgulloso de ser sastre y matemático.

Mauricio Rayo

Esteliano nacionalizado leonés. Escribe poemas y relatos. Es multifacético, le hace a la fotografía a la pintura. También es máster en Pantomima. Trabaja en la facultad de Odontología de la UNAN.

Maynor Xavier Cruz

Nació en Chagüitillo, Matagalpa. Escribe cuentos y poesía. Es miembro del Grupo literario Conciliábulo. Es uno de los editores de la revista Cuatro Ases. Es cafeinómano.

Rafael Zeledón

Nació el 27 de abril de 1990 en la ciudad de Jalapa del Departamento de Nueva Segovia. Sus padres Agustín Zeledón y Teresa Amador. Inicia en la poesía a sus 15 años y en el cuento a los 18 años. La temática de sus obras es variada, producto de sus emociones y de su sentir diario. Actualmente estudia la licenciatura en Ciencias Sociales en la UNAN-León.

HOLBERTH JARQUÍN

Nació el 17 de Julio de 1991 en la ciudad de Matiguás del Departamento de Matagalpa. Sus padres Reynaldo Jarquín e Ileana Canales. Empieza sus producciones literarias a los 15 años. La temática de sus obras es variada, plagada de una filosofía aplicada al vivir diario. Actualmente estudia la licenciatura en Ciencias Sociales en la UNAN-León.

Alexander Omar Romero Vidaurre

Nació en Rio Blanco Matagalpa el 24 de enero de 1991, son sus padres Roger Romero Alonso y Eloísa Vidaurre Ochoa, se inició en la poesía a los 16 años, escribe sobre diversas temáticas de una forma bastante descriptiva con una influencia Modernista-Vanguardista; actualmente cursa el segundo año de la carrera de Matemática Educativa y Computación en la UNAN-León.

Francis Massiell Martínez.

Es de Chinandega, empezó a escribir desde los 8 años de edad. Su poesía tuvo como influencia la música trova. Le encanta la Psicología, es idealista y soñadora. Espera transformar los límites de las palabras hasta encontrarle sentido a su existencia.

José Ariel Ochoa

Nació el 23 de marzo de 1991, hijo de Policarpo Ochoa y Josefa Quiroz, oriundo del municipio san Pedro del norte, Chinandega; se inicia en la poesía a los 16 años, su temática es variada, pues la esencia de sus letras es producto de la inspiración real e imaginaria. Actualmente es estudiante del II año de ciencias sociales en la UNAN-León.

Joseph Marie

Chinandegano, poeta, escritor y teatrista. Profesor de profesión y vocación, graduado en la Escuela Normal Ricardo Morales Avilés, Jinotepe Carazo.

Manuel Salvador Cruz Sequeira.

Poeta Performático, escritor y Artista visual, Estudiante de la carrera de Medicina UNAN-León.

17 junio 2011


Pregunta

Pablo Cristo es de los que no mueren
porque nosotros siempre
estamos hablando de Pablo Cristo.
Y cuando nosotros muramos,
quién hablará de Pablo Cristo.

Leo Salvatierra
León, 26 de junio de 2007

12 abril 2011

LOS DOS LIBROS DE NERUDA

En mis tiempos de estudiante universitario, en cierta ocasión, empujado por la crisis económica que suele acompañar a los universitarios, me atreví a robar algún buen libro de poesía del supermercado. Obviamente, la idea surgía en el momento, sin plan, sin mucha premeditación, como aquel día que entré a buscar unos jeans y me topé en la sección de libros con dos obras de Neruda: Cantos ceremoniales y Cien sonetos de amor. Después de una rápida lectura al azar tomé la decisión. Ahora faltaba elaborar el método de extracción de los libros fuera del local. A esas alturas tenía colocado sobre mi hombro los jeans que buscaba. Tomé los libros del estante y me dirigí al vestidor. Puse los libros en el piso y procedí a confirmar si la pieza era de mi talla. El plan era simple: Meter los libros por dentro de la camisa y pasar por la caja, pagar el pantalón y salir. Mientras me probaba los jeans frente al espejo, pensé que podrían estar viéndome del otro lado, como en las películas, así que procuré hacer la operación de espaldas al mismo. Debía considerar todos los detalles a pesar que en los años setenta no había cámaras ni sensores en las etiquetas. Me fui directo a la caja. Había una fila como de diez personas. Sentía que avanzaba lentamente, mi corazón se aceleraba cuando se acortaba la distancia. Para más tensión, vi a un empleado que se acercó a la cajera y le dijo algo al oído. La mujer volteó a verme y continuó con su rutina. Entonces alguien puso su mano en mi hombro. ¡Qué susto! Era un joven que iba detrás de mí y quería saber el precio de los jeans. Empecé a sudar. Por fin llegué a la caja y coloqué la prenda de vestir en el mostrador. La mujer me miró a los ojos y balbuceó el precio. Yo puse los billetes uno a uno en sus manos… me dio el cambio y salí raudo del supermercado. Me alejaba viendo si detrás de mí venían los vigilantes. Caminé y caminé… reprimiendo el deseo de correr hasta llegar a la universidad. Entré a los servicios higiénicos y me encerré a contemplar aquellas dos obras literarias. Lo había logrado. Puse los libros en la bolsa donde iban los jeans y me dirigí a casa.

Un mes más tarde llegó la semana santa y unos amigos de Nagarote me invitaron a vacacionar en “El Tránsito”. Fueron días muy agitados y placenteros, como aquel martes santo en que nos dimos a la tarea de buscar las mejores piernas de la playa. Hicimos varios recorridos hasta que por fin nos pusimos de acuerdo, la ganadora era Norma, una chica de ojos amarillos y unas piernas descomunales. No sabíamos que otorgarle de premio. Mis amigos me escogieron para ser el vocero del grupo y notificarle a Norma que había resultado ganadora de un concurso que habíamos inventado ese mismo día. Nos acercamos, mis cuatro amigos y yo. En mi cabeza iba hilvanando el discurso. Norma recibió con sorpresa y entre risas la noticia de haber sido la ganadora. Cuando preguntó por el premio todos nos volteamos a ver, entonces yo introduje la mano en mi mochila y lo único que encontré fueron las dos obras de Neruda. Uno de los libros podría ser el premio, pero … ¿Cuál? Opté por entregarle los “Cien sonetos de amor”. La premiación fue con todo el protocolo de los concursos. Ella agradeció al jurado apretando emocionada contra su pecho la cara de Pablo Neruda. Nos alejamos haciendo todo tipo de comentarios mientras las olas acariciaban nuestros pies llenos de arena. Por eso, cada vez que veo a una mujer leyendo en la playa, me acuerdo de Norma y me parece que es ella, leyendo los versos robados en el supermercado.

Juan Centeno

Semana Santa/2011



07 abril 2011

Fragmento de "José de la Cruz Mena, su vida y su obra" de Edgardo Buitrago




A la par de estos poetas de renombre que daban sus poemas al compositor para letra de sus canciones, figuraba una serie de poetas de menor cuantía, (versificadores mejor dicho) que también construían sus estrofas para ser cantadas, bien por simple complacencia de sus espíritus o bien para ofrecer la canción a alguien que pudiera recompensarla en beneficio del maestro y de ellos mismos. Entre tales señala el escritor don Gratus Halftermeyer a Ramón Reyes alias "El Cumbo" de quien relata una impresionante anécdota que reproducimos íntegramente a continuación:

"A la vivienda del compositor, - dice - llegaba a menudo un poeta bohemio, Ramón Reyes, conocido por el remoquete "El Cumbo". Era inválido de ambas piernas a consecuencia de un balazo y se hacía conducir montado en un escuálido jamelgo.El compositor y el poeta pasaban en alegre camaradería las horas tristes de sus vidas inválidas, cubriendo ficticiamente sus penas con el peplo de los nepentes que de antemano El Cumbo llevaba en una botella. El poeta escribía algún verso. Mena se encargaba de la música. Y de aquella miserable estancia, en un ambiente solitario, nacían las notas tristes de una hermosa canción que decía de dolor y de alma"

"Una noche, - continúa diciendo el señor Halftermeyer -, El Cumbo se quedó a dormir en casa del músico. Las libaciones habían sido extremas. En la madrugada ambos se despertaron. Tenían sed. Buscaron en los cacharos el agua apreciada y no hallaron ni una gota. El río murmuraba a treinta pasos de distancia; pero ¿cómo llegar a él? Mena era ciego, pero tenía buenas sus piernas. Reyes tenía vista, pero inútil sus muslos".

"Mena, -termina refiriendo el escritor- , díjole entonces: Móntate en mis hombros, a horcajadas, y guíame. Tus ojos serán mis ojos; mis piernas serán tus piernas. Y así bajaron al arroyo y calmaron su sed..."

(Biografía de José de la Cruz Mena. Gratus Halftermeyer, 1941, citada por el sabio Edgardo Buitrago)