Cada vez que llega la
fecha del cumpleaños es motivo de reflexión. Este año me han impresionado los
múltiples saludos de viejos y nuevos amigos a través de Facebook, e-mail,
mensajes de texto y llamadas telefónicas. Es fabuloso que personas que están
lejos, le escriban a uno con cariño, igual los que me felicitaron por Facebook y
que viven en mi cuadra. ¡Pues que les cuento! Que esas muestras de afecto me
hicieron recordar cuando hace muchos años, unas amigas me enviaron sus
felicitaciones por una vía muy particular. Aquí empieza el cuento.
Yo vivía en Nagarote
en casa de mi hermana Daisy. Eran los años 80, suficiente referencia para
imaginarse uno como era el Nagarote de esos tiempos. Había un señor llamado
Tano, que tenía un medio de comunicación muy curioso. En el patio de su casa se
levantaba un árbol frondoso que casi tocaba el cielo. En la copa del árbol se
había colocado una bocina para pasar anuncios. Un dispositivo de mecates bien
ajustados movía la bocina según la dirección donde el cliente quería se divulgara
su mensaje. Uno llegaba y le pedía a Tano que le pasara un aviso, le entregaba
un papelito con el mensaje escrito y previo pago se procedía a la comunicación.
Era notorio antes de escuchar la voz de Tano, un sonido o ruido peculiar que
emitía el aparato que hacía que todo mundo preparara el oído para escuchar
mejor. Siempre, se escuchaban las dos palabras que antecedían al mensaje:
Atención… Atención… y luego por todo el pueblo se difundía la venta de huevos,
promociones de los colegios, bautizos, misas de muertos, y muchas cosas más.
Los Nagaroteños más viejos recordarán aquel anuncio que despertó a todo el
pueblo a la medianoche cuando Tano informaba que había nacido un ternero con
cabeza de gente, y que podían ir a verlo a tal dirección. Al rato una multitud
al frente de la casa donde destazaban reses, exigía ver aquel fenómeno.
Pero volvamos a mi
cumpleaños.
Un día como hoy 14 de
diciembre… en esa misma época que les refiero, yo estaba en mi casa, eran como
las cuatro de la tarde. Una ex novia de nombre… se llamaba… quiero ver… ¡Luisa! si, así se llamaba, fue en compañía de su
hermana, a buscar a Tano para contratar sus servicios. Le entregó el papelito,
le dio las indicaciones respectivas y sus honorarios. Al rato se escuchó en
todo el pueblo: Atención, atención: “En ocasión de estar celebrando la gloriosa
fecha de su cumpleaños el caballero Juan Centeno, una buena amiga que siempre
lo recuerda le dedica estas complacencias deseándole muchas felicidades,
escucharemos a continuación la canción ¡Caballo
Viejo!”… y acto seguido sonaba la canción. Unos vecinos me avisaron para
que pusiera atención. Si… ya lo escuché les decía con una sonrisa forzada. La
segunda canción que me dedicaron ese día fue Ese cuerpo mío cada día más viejo… y la tercera ya no alcanzo a
recordar. En medio de las bromas de los amigos creo que lo disfruté, y ahora
más de 30 años después lo recuerdo con nostalgia.
Gracias a todos los
que contribuyen con su amistad a que esta vida sea más divertida.
Juan Centeno
León/Nicaragua
14 de Diciembre de
2011.
3 comentarios:
♥
Con retraso, TE FELICITO y te deseo que cumplás muchísimos años más.
Un fuerte abrazo.
♥
Este cumpleaños, Juan, me gustó mucho porque me llevo tu cuento. Un día lo verás publicado en uno de mis libros. Por eso, este cumpleaños me gustó más que los otros. Y claro, no siempre se cumple 54 años bien aprovechados: tienes hijos, árboles, libros, canciones, alumnos y sobre todo, amigos. Yo podría ser uno de ellos... Sin embargo, no halle el cuento que habla sobre Neruda y la muchacha del mar. Tal vez lo ponés por ahí. Ojalá lleguen estas felicitaciones con la bocina de Tano. Pam.
La magia de esas anécdotas, nace de la hermosa sencillez de los pueblos, encantador, saludos, y feliz cumple.
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