17 enero 2011

LA PROPUESTA

Hace 30 años, a inicios de los 80, mi viejo amigo y compañero de estudios universitarios, Tito Meléndez me llevó a conocer un bar. Era un bar especializado en sopas, conocido como Las Antillas. Atendía una hermosa joven que desbordaba un encanto especial. Llenaba la atmósfera con su magia y todos la adorábamos. Una tarde no resistí al encantamiento que irradiaba y después de apurar el trago le expresé lo que ya todos alguna vez le habían dicho. Una inusual y nerviosa propuesta de amor. Ella sonreía quizá acostumbrada a esas declaraciones. Después de escuchar mi trémula voz me vio a los ojos y dijo: “Me halaga su proposición, pero no puedo aceptarla porque soy la esposa del dueño del bar.” Y se retiró dejándome perplejo con mis palabras esparcidas sobre la mesa. Meses después aquella mujer desapareció y no la vi nunca más. Tito y yo seguimos frecuentando el bar y en todos estos años se convirtió en uno de mis lugares favoritos. Una de estas tardes de Enero fui al bar. Estaba leyendo el diario cuando entró una misteriosa mujer, todos volteamos a verla. El ambiente se impregnó de cierta magia ya conocida. Sus encantos me parecieron familiares. Era ella, siendo de nuevo el centro del universo. Unas hebras plateadas adornaban su cabellera, y sus jeans guardaban todavía un cuerpo bien cuidado. No pude evitar el recuerdo de aquella proposición nerviosa. Traté de continuar leyendo pero fue imposible. Me dirigí al baño mientras la roconola sonaba Born on the bayou de los Creyentes. Al volver a mi mesa, Don Sergio, el dueño del bar me interceptó, y con extrema amabilidad me presentó a su ex esposa. No lo podía creer. Hicimos unas bromas y le pregunté si recordaba mi propuesta de 30 años atrás. La respuesta fue obvia, no lo recordaba. Seguimos con las bromas. Finalmente le conté que este bar era mi favorito, y que sus hijos y su ex esposo eran ahora mis amigos. Entonces se me ocurrió que era una buena oportunidad para una foto, para ello sólo andaba mi celular, asi que en la penumbra del bar, quedó congelada la imagen de ese reencuentro con aquella mujer mágica.



04 enero 2011

PRISA DE ENERO


Nació solo.

Creció sin percatarse que el tiempo caminaba tras él,

amó y sufrió en medio de una multitud de ciegos.

Escribió su poema gris del amor y la muerte,

acarició la gloria con furia apresurada.

Colgó su tierno corazón de la rama más alta,

y cuando creyó que ya había hecho todo,

abrió su puerta con angelical curiosidad,

dejándonos impávidos del otro lado,

mientras las estatuas de los parques

lloraban sobre los pájaros silenciados.

Así se marchó, sin despedirse de la tarde,

consciente del ruido de sus pasos que se pierde a lo lejos,

y dejándonos en la boca

el sabor amargo de sus últimos versos,

que caen como la lluvia sobre una calle desolada

en esta noche abominable… que nunca termina.

JCenteno/enero/2011