24 abril 2013

YA TE OLVIDÉ

de ... HISTORIAS DE BARES

El hombre volvió a pedir monedas para la roconola.
El mesero se las llevó y las puso sobre la mesa con un gesto delicado.
Tomó las diez monedas y tambaleándose fue a poner una vez más
"Ya te olvidé" de la Durcal. Al volver su amigo protestó
Dejá de poner esa mierda ! ... es que quiero que sepan que ya me
olvidé de esa ingrata... siguió bebiendo. Media hora después hizo
lo mismo. Así estuvo... y entre más la olvidaba... más se acordaba de ella.

JC/Abril/2013
CORINTO BAR 

01 abril 2013

Los tres cubos de hielo.




He vuelto a este viejo bar, a sentarme en la mesa de la esquina donde no le permito al mesero que me sirva el trago. Un día de estos le contaré mis razones, por ahora, vierto el ron sobre el vaso y le pongo los tres cubos de hielo… las imágenes empiezan a aparecer en mi cabeza. Recuerdo aquel día que estuvimos en Telica en la presentación de uno de los tantos libros de Pedro Alfonso. Llegamos varios amigos de León y al final del evento Pedro nos llevó a cenar a un restaurante. Estuvimos departiendo como siempre, haciendo los animados comentarios. Entre las personas que llegamos con Pedro estaba un muchacho a quien nunca había visto. Se presentó diciéndonos a todos que se llamaba Juan. Había vivido mucho tiempo en Estados Unidos y ahora regresaba a León a poner un bar. Tenía tanta experiencia en eso de servir tragos que de repente, mientras yo ponía hielo a mi vaso, me conminó a no echar a perder el sabor original del ron… sólo debes ponerle tres cubos de hielo, me dijo… de lo contrario pierde su esencia. Después hablamos de Rock y de nuestras preferencias musicales. A partir de ese momento yo tomaba la precaución de poner solamente los tres cubos de hielo al trago. Finalmente la sorpresa vino cuando le preguntamos sobre el nombre que tendría su bar. Decadencia… dijo, así se llamará.

Unos meses más tarde Juan inauguró su bar. Yo no asistí pues no me di cuenta, pero siempre estuve con ganas de ir a conocerlo. Algunos amigos me contaban sobre el bar Decadencia y hacía mis planes para ir a visitarlo. No obstante… nunca pude hacerlo. Un día encontraron a Juan colgado de una soga en medio del bar. Parece que las cosas no habían ido del todo bien. Por eso, cada vez que tomo un trago de ron, recuerdo aquellas palabras sobre los cubos de hielo. Esto no es ficción, no es poesía… es la realidad misma, diáfana y cruel.  Aquí voy de nuevo… ¡uno… dos… tres… listo!  levanto mi copa y me imagino al muerto…. ¡Salud Juan! 

Juan Centeno/León/ Marzo/27/2013


08 marzo 2013

UN WESTERN NICA



Por Roberto Ruiz (Elche, España)

Hubo una época en mi ya lejana infancia, que me dio por leer novelas de vaqueros. Silver Kane, Keith Luger y Marcial Lafuente Estefanía eran los autores de moda. El western cinematográfico americano había sido desplazado por el “spaghetti western” donde directores como Sergio Leone marcaron a una generación completa con películas inolvidables como “Por unos dólares más”, “El bueno, el malo y el feo” y “Por un puñado de dólares”. Según mi padre, fanático del género, las películas italianas fueron tan buenas que acabaron con el western: eran insuperables. Pero, ¿Cómo olvidar a leyendas de la pantalla como John Wayne o Chuck Connors?, sólo por mencionar dos ejemplos de una larga lista que no cabe en un relato.
 
Hace pocos días recibí por correo un libro de cuentos recién salido del horno escrito por mi amigo y maestro Juan Centeno: “Más allá de la fantasía”. El cuento de Pancho Ñato me trasportó inmediatamente a mi infancia, a las novelas de vaqueros, a las películas americanas de clase B y a las tandas de matiné en el cine del pueblo. Yo no estaba leyendo un cuento, estaba viendo una película del oeste, totalmente inmerso en la lectura y la trama de la historia me trasladé a un ambiente árido y desértico (Malpaisillo) donde estaban todos los personajes: el maleante (Pancho Ñato y sus secuaces), el bueno (el marido de la maestra), la chica (la maestra), el salón con sus damas de la noche (Las putas de la cantina Las 7 Cabritas) el ferrocarril y un pueblo pequeño de gente sencilla y trabajadora. El papel de la caballería lo interpretan magistralmente los hombres de la entonces recién fundada Guardia Nacional de Nicaragua. En la historia de Pancho Ñato no faltan balaceras, líos de faldas, fechorías y hasta hay una ejecución.
Simplemente genial. Es, en resumen UN WESTERN NICA.