06 agosto 2015

MORS OMNIA AEQUAT



Debe resultar agradable morir mientras uno duerme.
Morir en un sueño profundo, sin sobresaltos,
con el cuerpo quieto y relajado,
sin personas corriendo alrededor,
nadie gritando o alterando al resto de familiares.
Por la mañana te encontrarán inmóvil
y los niños de la casa creerán que aún duermes.
Todos te verán dormido pero estarás muerto,
y quizás eso sea menos doloroso.
Murió mientras dormía, dirán en el noticiero.

En el velorio también tendrás esa apariencia
de dormir con tus manos entrelazadas,
todos pasarán a verte mientras duermes el sueño eterno.
Las señoras dirán: ¡Mira, parece que está dormido!
Algunos se atreverán a tocarte para ver si abres los ojos,
otros te pellizcarán pensando que les haces una broma.
También habrá quien pida silencio para que no despiertes.

Cuando te lleven a tu última morada
entrarás dormido, dispuesto a quedarte ahí.
Vas calmado, sin contratiempos, sin apuro,
muy resignado a tu destino.
Escucharás feliz los discursos,
las palabras bonitas que dicen de los muertos.
Mientras todos se retiran murmurando cosas de ti,
tú te vas adaptando a ese pequeño hábitat,
a ese ataúd acolchonado y terso como tu cama.
Y cuando al fin se marche el último de tus amigos,
disfrutarás con tu mejor sonrisa
el olor de los crisantemos
en la apacible tranquilidad del cementerio.

Juan Centeno
León/agosto/2015

2 comentarios:

Melba Reyes A. dijo...

EXCELENTES VERSOS. Comparto ese sentimiento :) Saludos

Edmundo Icaza Mendoza dijo...

¡Bárbaro! Me ha encanto, de verdad que SÍ.