18 marzo 2016

La esposa (III)

Aquella noche el marido
se fue a dormir a casa
de su amante.
Disfrutaron la cena,
vieron una película en la TV,
y tomaron unos tragos
mientras conversaban en la cama.
El abanico giratorio los vio
entrelazados y sudorosos
hasta quedarse dormidos
como dos animales
en medio de la selva.
Al amanecer,
el marido tomó los
pedazos de felicidad
que estaban por todos lados,
llenó sus bolsillos
y regresó contento
a casa.

JC/Marzo 2016


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